Luis Enrique y los prejuicios

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CARLOS SIERRA @sierracharly

No hay soluciones resultonas, sino decisiones discutidas. Estaba bastante claro que el tiempo como seleccionador de Fernando Hierro se agotaba con el Mundial. Ni técnica ni tácticamente está preparado todavía para un cargo de tal magnitud. Su experiencia en Oviedo fue decepcionante, a pesar de rodearse de un grupo de trabajo sólido y competente. Porque el experimento se basaba en contar con un perfil de profesional indiscutible, al que el vestuario pudiera respetar sólo por el mero hecho de presentarse. Y Hierro cumplía esa expectativa. Le seducía entrenar y la oportunidad que le daba el Oviedo, con un equipo llamado a pelear arriba pero en Segunda, era propicia. Los objetivos no se cumplieron y un mes antes de finalizar la temporada ya se sabía que no habría futuro.

Con la selección en casa tocaba ya dar la alternativa al siguiente proyecto. No se podía errar demasiado con la elección, porque los tortazos fueron tan sonoros que se escucharon en cualquier concentración del Mundial. Las consiguientes filtraciones interesadas, de estas que se ofrecen para ver cómo cae el ramillete de candidatos, dio media sorpresa con el nombre de Luis Enrique, futbolista y entrenador de éxito pero con distintas sombras que parecían alejarle de este propósito. El perfil del asturiano no es precisamente el de alguien que estreche lazos de puertas hacia afuera, de carácter amigable y de cercanía. No es lo acostumbrado en la casa de todos. Luis Aragonés ofreció más explicaciones, entrevistas, y ruedas de prensa de las que seguramente le hubieran interesado, pero son situaciones que van con el cargo. Vicente del Bosque encontró un clima propicio de entrada y supo navegar en modo crucero hasta que la gasolina se agotó.

Luis Enrique vive cómodo con la distancia entre su trabajo y los condicionantes públicos que conlleva entrenar a un equipo de envergadura. En Roma apenas tuvo tiempo para desarrollar su trabajo, y en Vigo dejó anécdotas llamativas como lo del andamio, pero en sustancia estamos ante un entrenador metódico, estudioso y con ganas de cubrir desafíos. Ahora se le prejuzga en función de su pasado, se critica su antimadridismo, y en Asturias el aficionado del Oviedo recuerda la “animadversión deportiva” que desprendía en sus visitas al viejo Tartiere. Y digo que se le prejuzga, porque todavía no le hemos escuchado dar su versión de los nuevos hechos, del planteamiento que llevará a cabo, y sobre todo no se ha puesto a trabajar. Si conseguirá limar asperezas con su poco amigo sector periodístico, que tanto peso tiene en el mundo deportivo patrio, se verá en poco tiempo. Pero lo importante es que no abra brechas inexistentes, y que reconduzca a un grupo que perdió su alma con la marcha de Lopetegui. Eso realmente es lo importante.

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