Las piezas del tablero de Anquela

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CARLOS SIERRA @sierracharly

Y llega el Oviedo al momento caliente de la temporada con más sombras de las esperadas, recordando tristes tiempos pasados. La estadística mostraba que los equipos de Anquela tradicionalmente van de menos a más y que concluyen la temporada en sprint. De momento no es el caso. Con tantas cuestiones adheridas a la historia reciente del Oviedo es complicado explicar el motivo del desplome de los carbayones, que desde la victoria en el derbi parecen no levantar cabeza.

Se ve al equipo falto de chispa, aunque los kilómetros recorridos son indudables. Da la sensación de que el sistema que tantos réditos dio ha dejado de ser rentable. No por la fragilidad defensiva ni mucho menos. La línea de centrales es la más sólida en las últimas jornadas. Carlos Hernández ha crecido hasta convertirse en uno de los mejores de la categoría, y Forlín es un stopper de garantías incrustado en el medio de esa vanguardia de tres. Es Christian el que viene quizá acusando el foco mediático al que está sometido.

Mossa no se asoma al nivel de excelencia mostrado con anterioridad y acusa la falta de ideas de la ofensiva. Lo que es evidente es la ineficacia de Cotugno como carrilero. Si el cambio de sistema beneficiaba claramente a dos laterales largos como Mossa y Johannesson, este mismo dibujo es cruel con las habilidades del uruguayo, que sufre teniendo toda su zona para subir. Es idóneo en un esquema de cuatro que no exija tanto al lateral, y en el Oviedo actual se pierde en la exigencia.

Con los bailes por sanciones y lesiones en el mediocentro el único estable es Folch, que se desfonda cada partido pero sumergido en la irregularidad de sus compañeros. A pesar de todo viene siendo de lo más destacado. Hidi no ha encontrado ni su punto ni su lugar tras la lesión, y ni siquiera es similar al jugador que era. Debe aprovechar sus minutos para ganar la confianza perdida.

Por las bandas se antoja clave la acción futbolística tanto de Berjón como de Aarón, núcleos del juego ofensivo. El problema llega con la inclusión de Fabbrini. Es indudable que se condena al ostracismo el talento del italiano arrancando en la banda, porque pierde visión de juego y enclaustra su desborde. Cuando es capaz de centrar su posición embellece al equipo con capacidad de retención de balón y lucidez. Pero debe partir de esa mediapunta para ser válido.

A los delanteros la temporada les está siendo esquiva, porque además se han contagiado del pesimismo. Con la presión a bloque destacaban sus virtudes, pero ahora cuesta hacerse con balones y la imprecisión se hace presente. El cambio es mental y de piezas en el tablero.

 

 

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