La vida sin Messi

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CARLOS SIERRA @sierracharly

Mucho se ha debatido en la previa y una vez acabado el amistoso que enfrentó a España y Argentina en relación a la influencia de Messi en el juego de la albiceleste. Se pudo ver y leer en diferentes medios españoles cómo se hacía de menos al combinado argentino con la ausencia del jugador del Barça. Aquí la memoria siempre tiene una mecha corta. Quizá alguno se acuerde de los silbidos y las protestas por el juego y el liderazgo de Messi en su selección. No hace tanto de aquello. Por alguna razón inexplicable no era capaz de ser el mismo jugador diferencial del Barcelona. Por inacabados argumentos era vilipendiado en su propio país. Un tiempo después Argentina recupera el pulso a una gran cita futbolística gracias al ’10’. No cabe duda de que Sampaoli no estaría preparando este tinglado de no ser por el esfuerzo de un Messi con energía mermada para llevar a los suyos al Mundial. Ahora se discute la conveniencia de haber jugado o no. A posteriori es de ventajosas asegurar que Messi se quiso borrar, pero la evidencia en forma de riesgo de lesión está ahí. Porque Messi se debe al club que le paga, que afronta retos muy importantes, y a la selección, que no puede poner en peligro la integridad física de su mejor valor justo antes del evento más importante en cuatro años.

El hecho de que el varapalo sea histórico y sangrante para todo un país, que guarda al fútbol como una religión, no resta el hecho de que era un simple amistoso, y de que Sampaoli sigue probando a dar con la tecla correcta y prepare a los argentinos para experimentar con la tradición de ir de menos a más en la cita mundialista. Una derrota así hace dudar hasta del propio sudor. Se recuerda la paliza de Alemania a Brasil, pero encima de la mesa hay que añadir que esa derrota sí que costó una eliminación. La victoria de España no supone eliminar a un rival. Sí anímicamente durante un rato.

Somos dados al triunfalismo. Con las victorias aplastantes somos invencibles. Con las derrotas holgadas estamos condenados a la hoguera.

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