La inoportuna marcha de Lopetegui

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CARLOS SIERRA @sierracharly

Pocas veces se ha podido producir una destitución tan trascendente como la de Lopetegui. Hay otras selecciones que llegan al Mundial con problemas o rupturas previas traumáticas entre el cuerpo técnico y la Federación de turno, como el caso de Japón, pero el impacto a tan solo dos días del comienzo del Mundial es de dimensiones gigantescas. Que una selección llamada a integrarse en la línea de los favoritos cambie su dirección técnica en la misma concentración suena a un tremendo paso atrás, a una decisión que puede entorpecer las aspiraciones ante una atmósfera demasiado viciada.

Teniendo en cuenta lo inoportuno de la fecha del anuncio por parte del Real Madrid, y la mala gestión del asunto con los dirigentes federativos por parte de Lopetegui, la verdad es que parece que la solución es la peor entre todas las posibles. Ha podido más el enfado y el ruido del puñetazo encima de la mesa que el propio interés de la Selección, que pierde a la persona que ha trabajado con el grupo durante dos años, que mantenía un récord plausible al frente del banquillo, y que había lógicamente confeccionado una lista, con sus jugadores y sus preferencias. Ahora su sustituto deberá recoger los restos del plato roto y ponerse en primera línea para dar la cara con la lista de Lopetegui. Es indudable que los jugadores son profesionales y con una capacidad fuera de toda duda, y que su elección obedece a una trayectoria o un rendimiento más que suficiente, pero ahora el mar se llena de botes salvavidas.

Aquí todos se pueden considerar profesionales, por lo que habría que entender que Lopetegui encomendaría su esfuerzo a llegar lo más lejos posible, no sólo porque sería una obligación contractual y moral, sino por su propia carrera como entrenador, que quedaría marcada negativamente de no obtener lo mejor. Ahora para siempre asumirá el papel de aquel que dejó la Selección, la de todos, por un club, que aunque pueda ser considerado el mejor del mundo, es el de sus aficionados. Una oferta del Madrid puede ser irrechazable, pero hay que tener en cuenta que ni Lopetegui era la primera opción y que otros entrenadores con presencia en el Mundial habían manifestado la no idoneidad del momento para ser blanco. Vivirá con esa carga. Estar en el Madrid lo puede merecer.

Y ahora se fia el tinglado a Fernando Hierro, cuya única experiencia como primer entrenador se concreta en una temporada gris en un Real Oviedo que dejó en Segunda tras una meritoria primera vuelta que invitó al optimismo. Hierro cerró su etapa en Oviedo por la puerta de atrás. Su siguiente oportunidad en los banquillos aparece en un momento convulso, como recambio de urgencia y en un clima no demasiado bondadoso. A favor está que conoce cómo se cuece el caldo en el vestuario y su nombre, que pesará por encima de otra cualquier aptitud técnica. Mucha suerte, que la va a necesitar.

 

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