La culpa es del pianista

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CARLOS SIERRA – @sierracharly

Una jornada más de Champions League hemos asistido a la crudeza de una competición que no deja un milímetro ni a la relajación ni al detalle olvidado. Una remontada in extremis del Real Madrid que pone en suspenso el juicio permanente a Zidane…hasta el próximo tropiezo. Porque el PSG presentó mejor aspecto que un desgastado conjunto blanco, con prisas por agradar y echar a un lado el desasosiego que invade a la grada. La jugada le salió mal a Emery, que había planteado una batalla con salidas punzantes por la banda de Neymar, con desbordamientos internos de Alves, y con un control de la medular blanca por medio de Verratti y Rabiot. Fue bien el asunto mientras mantuvo ese bloque, reforzado con el gol del siempre prometedor centrocampista francés llegando desde segunda línea. Y aprovechando el enésimo boquete de una defensa blanca que reza tres avemarías cuando el rival cruza la línea de tres cuartos.

Con el recambio el técnico vasco buscó darle otro aire, pero consiguió el efecto contrario. Si además le unimos la salida del apátrida Asensio, que con su inyección de talento volteó el fútbol blanco, el resultado fue el descalabro. Y la culpa es del árbitro. Eso dice Emery. El entrenador del PSG, estimado en lo personal por otro lado por el que escribe, no hace más que describir un hecho recurrente en el fútbol. El error arbitral existe y existirá, y la tecnología correctora tendrá que llegar de un modo u otro. Pero no lo será tanto por el error del juzgador sino por las malas artes de los juzgados. Ayer asistimos nuevamente a una lección continuada de antifútbol, de deporte antideportivo, de acciones poco solidarias con el fair-play. Nada nuevo en el deporte que nos ocupa. Ni la caída de Kroos fue penalti, ni mucho menos, ni más de la mitad de las faltas lo fueron. Presenten el choque de ayer en un pub de la ciudad galesa de Pontypridd y verán las risas que escucharán de los allí presentes. Entre pinta y pinta enloquecerán viendo cómo un mínimo contacto provoca una espantosa caída.

Seguramente en la vuelta veremos una bonita lucha con nuevos argumentos, pero una vez más, cuando  vengan mal dadas, se volverá a disparar al pianista.

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