El nuevo derbi es azul

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CARLOS SIERRA – @sierracharly

El Tartiere albergaba un espectáculo que hace demasiados años no se disputaba. Años de paso por el infierno para el Oviedo, y un camino de idas y vueltas para el Sporting. Y sí, se jugó a pesar del debate intenso que durante la semana puso la duda sobre la capacidad del césped para resistir las inclemencias del tiempo. Aquí hay que agradecer el tremendo esfuerzo de la cuadrilla que mima como puede el prao oviesdista, reforzado para la ocasión para evitar el drama de la suspensión.

Finalmente el verde presentaba un aspecto incluso mejor que el de anteriores ocasiones, pesado pero con apenas charcos visibles. En el calentamiento se pudo comprobar cómo el desplazamiento del balón era posible.

El primero en saltar al coliseo fue Alfonso Herrero, acompañado de Juan Carlos. Eran las 17:15. Diez minutos más tarde sus compañeros ponían sus botas en el rectángulo ante una masa creciente de aficionados que iban poblando el graderío. El Sporting hizo acto de presencias a las 17:28.

La fiesta del fútbol asturiano arrancó puntual, con colorido y tifos por parte del bando local. Enseguida se vieron las propuestas de los dos equipos sobre el tapete. Baraja planteaba un esquema con las líneas muy juntas, fiando su ofensiva a tres toques rápidos en busca de la velocidad de Santos y Carlos Castro. Anquela presentaba su once tipo con la premisa de ensuciar el uniforme de barro. Y así fue. Un Real Oviedo intenso se hizo dueño del partido, mientras que el Sporting aguardaba su opciones renunciando al control de la parcela central pese a la inclusión en esa zona de Sergio y Bergantiños. El balón fue tratado con una delicadeza inusual dado el estado del campo, mejor de lo esperado pero sin afán por alumbrar momentos lúdicos. Pese al dominio local fueron los visitantes los que se adelantaron en el marcador. Una jugada muy mal defendida por la zaga carbayona propició hasta tres rechaces dentro del área, siendo Jony el que conectase un disparo que se sobrepasaría a Alfonso. Corría el minuto 21, pero los hechos y los datos hacían presagiar que no sería el marcador definitivo. El Oviedo en ningún momento perdió la cara al encuentro y siguió dibujando las trazas ideadas por Anquela. En el minuto 31 el carrilero Mossa se internó una vez más dentro de la poco rocosa defensa sportinguista y soltó una rosca ajustada con su pierna derecha que venció la resistencia de Mariño. El gol coincidió con los mejores minutos de juego del equipo de Baraja, donde Sergio pudo por unos momentos vivir libre. Empate y cartas nuevas.

Tras el descanso el Sporting pareció salir desconectado del partido. Castro y Carmona prestaban más atención al arbitraje que al juego, Bergantiños seguía sin entrar y Sergio no lograba imponerse a Rocha y Folch. Canella era el jugador con más área de circulación, pero desaprovechó una y otra vez sus opciones. En la derecha Montoro sufría lo indecible para sujetar las acometidas de Berjón y Mossa. Anquela notó la debilidad y cargó toda la ofensiva por ahí. Ante la poca claridad de sus mediocentros era Álex Pérez el obligado a arrancar jugadas, con imprecisión.

Mossa repetiría experiencia goleadora minutos más tarde. Su gran zurdazo le hará pasar a la historia oviedista. El valenciano fue el héroe del derbi del regreso.

No tardó Baraja en mover el banquillo con el 2-1. Un desasistido Castro cedió su lugar a Rubén García, que se incrustó en la mediapunta buscando retener más el balón en zona de tres cuartos. Poco rato después un poco efectivo Carmona se sentó en favor del debutante Nano, con una presencia a la postre testimonial. Por su parte Anquela introdujo a Yeboah en lugar de un cansado Aarón Ñiguez, que había batallado en toda la raya de la mediapunta. Atrás Forlín daba seguridad y en los flancos tanto Carlos Hernández como Christian concedían muy poco a la delantera rojiblanca. El peligro llegaba por banda izquierda donde Jony era muy superior a Johannesson, mostraba su aspecto diferente al resto y la razón por la que será el jugador más determinante en El Molinón en esta segunda vuelta. Henar Santana suplía a Bergantiños en un intento de cambiar presión y fuerza por toque y salida de balón. No funcionó. Folch se fue creciendo a medida que pasaban los minutos y sostuvo la posesión primaria azul. Un voluntarioso Linares cedió su plaza a Toché, sin que se resintiese el planteamiento de Anquela, motorizando la banda izquierda con Mossa y Berjón, que amargaron el derbi al novato Montoro.

Se hizo justicia con el resultado final. Venció el mejor sobre el campo y venció el fútbol sobre la lluvia.

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