El fútbol sin porterías

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CARLOS SIERRA @sierracharly

España está fuera del Mundial y a pocos les sorprende dada la dificultad sobrevenida días antes de la gran cita. Una selección con un patrón definido y un nivel de confianza elevado pasó a ser un grupo de egos encubiertos en un aparente sistema, guiados por alguien que no debería haberse sentado en el banquillo, porque no presentaba credenciales suficientes y ni tan siquiera lo esperaba. Lo del deseo va por otro lado, aquí se necesita algo más que un sueño. Con el traje de seleccionador se viste alguien que ya viene con todo hecho de casa, con los deberes y las suelas gastadas. Hierro apenas sugirió un atisbo de entrenador en una temporada aciaga en el Real Oviedo, donde las opciones reales del equipo se clavaron al metro por encima de sus posibilidades en el Tartiere. Fuera de casa ofreció un nivel espantoso. Y en Rusia, aparte de los aplausos y las buenas palabras, no se detectó un rasgo de estratega. Puede resultar aparentemente sencillo dirigir a un equipo con talentos mundiales en cada posición, pero las instrucciones son necesarias. Al juego de salón no se añadió una pizquita de sal, y el bosque de centrocampistas no inquietaban las defensas rivales, que todo hay que decirlo, fueron de la clase media y baja del Mundial. Nos vamos porque nos echa Rusia, que contaba con la ventaja de jugar en casa y poco más. Un equipo con bajas cruciales, que tuvo que rescatar del olvido a un defensa de 38 años y donde terminó de titular un delantero que casi se queda fuera de la lista. Y jugaron a los que nos jugaron todos. Se sabía cómo contrarrestar a España, fortaleciendo muscularmente por el centro y cerrando las bandas pero no demasiado lejos. Llamó la atención cómo el siempre eléctrico Alba no sumase entusiasmo y apenas se dedicase a trotar y guardar la espalda de Piqué y Ramos. Por el otro flanco Nacho fue mejor que Carvajal, lastrado por su lesión.

Hierro movió pocas piezas para no hacer un destrozo, pero el boquete acabó siendo considerable. Sin ideas, sin orden y únicamente aprovechando los rebufos de una selección que fue brillante, que encandiló y que hizo Historia. Pero las pistas ya se conocen, los identificadores releídos y marcados a negrita por todos. Y la dinámica se notaba desgastada. Desconocemos el efecto de Lopetegui en todo esto, pero a buen seguro que las sensaciones no hubieran tenido este tinte perdedor. Se ha desaprovechado el último aliento de muchos jugadores con esta elástica, y se ha dejado caer en un desconcierto a un grupo con sobrados argumentos futbolísticos como para plantar cara. España se aleja por su desacierto en los penaltis, una suerte donde la moneda cae de forma caprichosa.

Con uno de los grupos más sencillos la cara se nos puso colorada, y nos la acabaron de partir unos jugadores que llenaban su previa de interrogantes, con mucho futuro pero con poco pasado salvo un puñado de veteranos. Como sucedió con Alemania primero y luego con Argentina, urge hacer autocrítica de manera conjunta y detectar cuál es el siguiente paso, que anima a remover el cuerpo técnico y a repensar ciertas actitudes. El fútbol lo agradecerá, los afi lo celebrarán.

Sólo queda agradecer a este equipo los éxitos tan importantes conseguidos.

 

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