El día que conocí a Quini

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CARLOS SIERRA @sierracharly

Fue un 28 de julio de 2016. Una mañana calurosa en Mareo. Llegaba pronto a la cita, así que aproveché para recorrer los campos de entrenamiento y de paso ver un poco del partidillo organizado por Abelardo en el entrenamiento. Unos metros más allá operarios se afanaban en la colocación de nuevo césped en otro de los praos de las instalaciones del club rojiblanco. La chavalada corría hacia otro emplazamiento. El motivo era la presentación del nuevo delantero sportinguista, un tipo venido de Croacia y que respondía al nombre de Duje Cop. Poco brillo se sacó a su estadística esa temporada. Se fue y nadie preguntó por él.

Cumplida la hora estipulada fui en busca de mi interlocutor. Tantas veces visto pero nunca antes saludado. Un apretón de manos fue el preludio de una charla muy interesante con uno de los mejores. Sentados en un salón con una gran foto panorámica de fondo de El Molinón, dedicamos un buen rato a hablar sobre el presente de su equipo del alma, ese que ahora tanto le echa de menos. He de reconocer que a pesar de su desprendido carácter infundía mucho respeto estar delante de un icono del fútbol. Mirabas a los ojos de Quini y a través de ellos podías ver toda una vida. Ahora que se ha ido es necesario recordar a un hombre que levantó las gradas de El Molinón con sus goles, que hizo paredes con Maradona en el Camp Nou y que regresó a su tierra para entregar su sabiduría y sus últimos años vestido de corto. Regateó a contrarios, a la enfermedad y a un secuestro, y ahora gambetea en el cielo de los astros del balón, donde los grandes de la historia le han guardado un hueco preferente.

Un estadio, un equipo, una afición, una ciudad, una región. Todo unido por el emblema de un jugador de los que marcan más de una época y se hacen eternos. El fútbol le debe mucho a Quini, y nosotros debemos estar honrados de haber visto a “El Brujo” cabeceando a puerta, pisando el prao, y paseando por los campos de Mareo. Te recordaremos.

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